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Mendoza murguera, ¿y medioeval?
El fenómeno de expresión popular que
es la Murga, merece un análisis lo suficientemente
profundo, que favorezca a la comprensión y contención
de esta realidad social, dinámica y masiva.
Tratar de explicar esta explosión de nuestro
"casi" estructurado presente montañés
y llanero (el Sureste también existe) desde un
punto superficial, la definiría como moda o eventualidad
en tanta confusión finisecular. Pero esta interpretación
es totalmente falaz a la hora de desarrollar una política
que contemple el enorme espacio de población
que la practica, sus necesidades, sus características,
su inserción particular en la vida del territorio,
sus consecuencias, resultados y valores sociales.
Hablando de finisecular, se podría hacer un
paralelismo citando a Le Goff: "Un estudio histórico
de las fiestas podría aportar luz decisiva sobre
las transformaciones y las estructuras de las sociedades,
sobre todo en los períodos que hay que llamar
de transición, como la Edad Media que , a fin
de cuentas, no lleva ese nombre por casualidad. Podría
seguirse, por ejemplo, la evolución del carnaval,
como fiesta, como sicodrama de la comunidad urbana,
fiesta que se ocnstituye en la Baja Edad Media y decae
en los siglos XIX y XX al sufrir el impacto de la revolución
industrial. "
En la actualidad no podríamos hablar de "revolución
industrial", pero sí y por qué no,
genuinamente referirnos a "involución por
consumo", íntimamente relacionada con resultados
deshumanizantes.
También es Le Goff quien cita a Emmanuel Ladurie
en un párrafo por demás ilustrativo, ¡del
año 1580!, refiriéndose en forma brillante
al Carnaval... "trágico ballet en el
que los actores recitan y bailan su rebelión
en lugar de discutir sobre ella en manifiestos".
Retornando de aquel mapa del fondo de los tiempos,
nos acotamos a nuestro reducino y no menos misterioso
e importante panorama local para ver y no sólo
mirar, cuánto puede relacionarse la realidad
actual con estas citas; el accionar de grupos sociales
determinados por las imposibilidades de tranquilidad
económica, de inserción y artísticas,
no por ocio y aculturación, sino por todo lo
contrario. Son los grupos que permanecen fieles a la
cultura propia de su geografía, lengua y códigos,
como una comunidad rural, las más conservadoras
en este valioso sentido, en contraposición con
las comunidades urbanas, más viables de direccionar
hacia la aculturación (si hay desacuerdo, discutirle
a Umberto Eco).
Nuestra actualidad de fin de siglo remoza gratuira
y eficientemente la "caza de bruzas", el prejuicio
contra la risa y el divertimento y la xenofobia
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